Cuando Antony Terryn dejó Francia para instalarse en Zamora, no lo hizo para hacer vinos «suavecitos». Lo hizo porque buscaba la verdad de la Tinta de Toro.
El Primer Paso es el vino que lo empezó todo.
Nace de viñedos que, aunque Antony llama «jóvenes», tienen entre 15 y 40 años. En cualquier otra región serían viñas viejas, pero en Toro son las que aportan la frescura y la fuerza. Aquí no hay riego ni productos químicos; solo hay sol, tierra arenosa y un respeto absoluto por lo que sale del campo.
Lo que hay dentro de la botella: Es un monovarietal de Tinta de Toro. Pasa entre 6 y 8 meses en barrica de roble francés y americano. Es el tiempo exacto para que el vino se asiente, pero sin que la madera le robe el protagonismo a la fruta. Tiene 14,5º, pero están tan vivos y tan bien puestos que lo que sientes es una explosión de sabor, no un golpe de alcohol.
Lo que vas a notar al probarlo: Es un vino de color violeta intenso, muy vivo. Huele a moras, a regaliz y tiene un toque sutil de especias de la madera que aparece al final. En boca es una fiesta: tiene nervio, tiene cuerpo y una frescura mineral que te limpia el paladar. Es de esos vinos que te llenan la boca y te hacen sonreír porque te das cuenta de que esto es vino de verdad, sin maquillaje.
Es el vino que siempre recomendamos cuando alguien quiere descubrir qué es Dominio del Bendito sin empezar por los tintos más pesados. Es equilibrado, es directo y es, posiblemente, uno de los vinos más honestos que vas a probar este año.
Un aviso necesario: Antony no fabrica vino, lo cría. Y como las parcelas son las que son, la producción es limitada. Si quieres entender por qué un francés se quedó a vivir en Toro, descorcha un Primer Paso. Pero hazlo antes de que se corra la voz, porque este es el favorito de los que buscan calidad artesana a un precio que no duele.
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