Cuando en la bodega Doña Felisa decidieron plantar Cabernet Sauvignon y Merlot en las sierras de Málaga, la vieja guardia del vino se echó las manos a la cabeza. En el sur la gente espera vinos dulces o manzanillas, no tintos de guarda.
Pero ellos sabían perfectamente lo que hacían. Aprovecharon la altitud de Ronda, donde el contraste entre el sol que achicharra de día y el frío que pela de noche consigue que esta uva madure con una fuerza e intensidad brutales.
Este vino no se llama «Doble 12» por una brillante idea de un comité de creativos. Es la pura realidad de su receta: 12 meses criándose en barrica de roble francés y otros 12 domándose en la botella antes de ver la luz. El tiempo exacto para convertir la fuerza salvaje en elegancia pura.
¿Qué vas a notar?
Un color cereza oscuro que mancha la copa. En nariz te atrapa sin rodeos con fruta negra madura, notas balsámicas, cedro y especias tostadas. En boca entra con volumen, es carnoso, muy redondo y te deja un final largo que invita a pecar otra vez.
Por qué elegirlo:
Porque es el comodín definitivo para jugar al despiste. Sírvelo a ciegas en una cena y diviértete escuchando cómo los «expertos» de turno apuestan a que es un gran Burdeos o un clásico del norte. Puro espectáculo garantizado y una lección de humildad líquida.
Aviso para los del sota, caballo y rey:
Si eres de los que no salen de sus dos denominaciones de origen de siempre porque te da miedo equivocarte, no abras esta botella. Tiene carácter sureño, alma francesa y cero complejos. Acompáñalo con una buena carne roja o caza, y asume que te va a volar un poco la cabeza.
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